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La invitación era, ayer domingo, a las diez de la noche, frente a la Iglesia San José, a escuchar a un flaco tocar el violín. La idea era tentadora y así lo interpretaron cientos de gualeyos, quienes terminaron sorprendidos y hechizados por el flaco, quien resultó ser un capo.

La noche tibia estaba especial y el evento organizado por la Municipalidad era libre y gratuito, así que a la hora señalada comenzaron a llegar los vecinos y vecinos, muchos muñidos de sus reposeras, mientras otros tantos se fueron quedando parados, y otros, porque no, sentados en el cordón de la vereda.

Pocos minutos después de las 22, con un importante marco de público, el flaco tomó su blanco violín, puso algo de acompañamiento de fondo, y arrancó con su repertorio: música de todo género, y de la que nos gusta a todos en general y a nosotros en particular.

La gente no tardó en coparse con la propuesta, lo cual se veía con su acompañamiento, moviendo sus pies, sus manos o sus cabezas al ritmo del clásico elegido por el flaco, y tema a tema los fue hechizando.

Para abrochar su encantamiento, en un momento bajó del improvisado escenario y recorrió el lugar, entre el público, sin interrumpir la magia de los acordes de un clásico de Queen. Tal es así que los que estaban sentados se pusieron de pie, maravillados.

Y entonces, con el público a sus pies, el flaco y su mágico violín convirtieron el espacio en un emocionante túnel del tiempo, cargando a todos y transportándolos a aquellas épocas de antes. The Wall, de Pink Floyd, Misión Imposible, Garganta con Arena, Let It Be, de Los Beatles, y algunos inolvidables temas de películas.

Gualeyos y gualeyas, boquiabiertos, se mecían al ritmo del violín, y el flaco sonreía, feliz de la relación establecida. Tal era el hechizo que dejaron de filmarlo con sus celulares para disfrutarlo a pleno. Pero el flaco no tenía fondo, y seguía: We Are The Champions, California Dreamin, y otros éxitos.

La estocada final del flaco fue maravillosa: Bella Ciao, Cambalache, La Bamba, y una última recorrida entre el público. La retina de los presentes conservará por un buen tiempo su silueta poseída entre el humo ejecutando magistralmente cada tema.

El final fue propio de un hechicero, con Despacito y otros temones de hoy, meneándose entre y con el público, cual un encantador entre sus serpientes, y el público bailando para él.

Agotado de volar en el tiempo, o de soñar, ininterrumpidamente durante dos horas, cuando el flaco terminó su repertorio el público no se quejó, pero dejó sus últimas energías en un cálido y cerrado aplauso, apreciando la calidad de su arte.

El flaco, nacido en Larroque, hijo de una Belloto, una gualeya, se llama Damián Zantedeschi, y vive en Bello Horizonte, Brasil. El flaco, esta noche, se fue empachado de cariño y reconocimiento, mientras que los testigos de su espectáculo, hechizados aún por su propuesta, se fueron coincidiendo unos con otros en que el flaco es un capo, un maestro.

Qué lindas que son las cosas lindas, y mucho más si tienen alguito que ver con nosotros. Damián está en las redes y vale la pena googlearlo, para que quienes no estuvieron hoy sepan lo que se perdieron.

Norman Robson para Gualeguay21