El carrero decente y sus bueyes ya van a mitad de camino, pero las riendas se ven flojas y los bueyes tiran desparejo, cada uno errático en sus inciertos pasos, como desconociendo el camino. Es simple, no saben a donde van.


La vez pasada me puse a pensar en el cielo y me acordé de un diálogo mantenido hace un tiempo con una joven de unos 25 años de edad. Su nombre es Maricel. Ella me preguntó: “Padre, ¿cómo es el cielo? Porque yo sé que Fernando está allí, pero no alcanzo a imaginarme qué hace”. Fernando, su novio, había fallecido hacía un mes.


Hoy, 6 de diciembre, Don Omar Benvenuto cumple, o cumpliría, 67 años, y, sin embargo, seguimos sin saber nada de él, mientras la investigación sobre su incierto destino duerme el sueño de los inocentes en un despacho federal.


Es un dicho que solemos usar para expresar que hay oportunidades que se nos pierden por no tener una actitud de responsabilidad ante la vida, y por no saber valorar el momento, por dejarnos estar.


El mundo está lleno de conflictos, hasta la vida misma es un derrotero de conflictos, y, frente a ello, la cuestión de poder es determinante a la hora de obtener ventajas en beneficio propio, sea para defendernos o para desarrollarnos, muchas veces en lo individual, pocas en lo común.


Esta noche, alrededor de las 20 horas, se cumplirá un mes de la desaparición de Don Omar Benvenuto, y, desde entonces, el errático desarrollo de las investigaciones solo has dejado misterio e incertidumbre.


Recordando que la demagogia es la estrategia política por la cual se recurre a seducir el apoyo popular manipulando los prejuicios, emociones, miedos y esperanzas del pueblo, antes mediante la retórica y la propaganda, hoy pervirtiendo la realidad a través de los medios, observo nuestra actualidad política en busca de indicios de cambio.


Ayer, sábado 25, se realizó la ceremonia en la cual fue beatificada la Madre Catalina de María Rodríguez. Mujer que nació en Córdoba el 27 de noviembre de 1823 y murió el 5 de abril de 1896.


Inquieta, no para de hablar con ese dulzor típico de la tonada cubana. La corre el tiempo en su apostolado por restaurar los valores en el mundo. Parece mentira tanto compromiso, generosidad, experiencia y sabiduría resumida en ese menudo cuerpito.


A menudo escuchamos o decimos “dame un tiempo”, “esperame un poco”, “en unos días te llamo”, “el año que viene lo volvemos a conversar”. No siempre uno se cree lo que dice o escucha. Pero no tenemos más remedio que esperar, aunque lo hagamos con algo de escepticismo.


Nos encontramos en la tercer semana de la desaparición de Don Omar Benvenuto y todo hace temer que nos encontremos frente a otro caso que podría quedar impune por la falta de indicios que iluminen lo ocurrido.


De la boca al cerebro hay unos pocos centímetros, y de ambos al corazón apenas unos 15. Y de allí a los pies y las manos a veces pareciera que miles de kilómetros. ¿Por qué arranco estas reflexiones mencionando cuestiones de medidas?


Diez días de desaparecido, casi ningún indicio cierto, kilómetros de rastrillaje, sonados allanamientos, mediáticas acusaciones, y un sospechoso mutismo por parte de la familia, de la querella, de la Justicia y de la Policía.


El 4 de noviembre del año pasado comencé mi servicio pastoral como Arzobispo Coadjutor en San Juan de Cuyo. Tengo recuerdos muy hondos de una celebración muy bonita, cargada de sentimientos: dejar la querida Diócesis de Gualeguaychú, despedirme de tantos hermanos e historias compartidas, para abrir el corazón y la mente a nuevos desafíos.


En el día de ayer, luego de las últimas elecciones nacionales, el Senado entrerriano retomó su actividad legislativa, y la nota fue el indisimulable dolor político que aqueja al oficialismo provincial, el cual se manifestó con marcada violencia a lo largo de la sesión.


El turismo entrerriano lleva un par de temporadas sin verle la pata a la sota, y la gestión del renunciado Adrián Fuertes, quien de turismo sabia tanto como de química cuántica, en nada había ayudado, razón por la cual, en esta coyuntura política, abundaban las preocupaciones.

Un empresario deja la ciudad, presuntamente con la idea de volver al rato, pero, a mitad de camino, por alguna extraña razón, se detiene en el medio de la nada, cierra la camioneta y desaparece, iniciando otra historia de misterio que sacude a Gualeguay.


Podríamos responder “los que menos tienen”. O aquellos que carecen de lo elemental para una vida digna. A los pobres los podemos reconocer sin ambigüedades por su entorno: vivienda, educación, salud, alimentación, ropa, trabajo, esparcimiento…

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