En los últimos tiempos, la gente ha establecido una marcada preferencia por lo inmediato, lo fácil y lo cómodo, y, en ese afán, ha ido moldeando un nuevo modelo de sociedad, donde el consumo ocupa un papel central. El problema surge cuando los consumidores, en su apuro y comodidad, consumen, con la misma liviandad, panchos y conceptos. Algo que Platón ya advirtió 23 siglos atrás.

En el ajetreo diario, todos repetimos cosas sin medir su posible impacto, pero un medio de información, que goza de la confianza de su comunidad de seguidores, debe tomar una serie de recaudos antes de proceder a hacer público un hecho o situación.

Así se titula el mensaje que los obispos de Bolivia dieron a conocer esta semana. Allí expresan su dolor e impotencia, sentimientos compartidos por mucha gente en todo el mundo: “Nuestra Casa Común está herida de muerte pues cerca de un millón de hectáreas de nuestro bosque amazónico se consume bajo las llamas del fuego.

La manifestación en favor del cambio, realizada en todo el país el pasado sábado, a pesar de no ser masiva, disparó respuestas de diferente tenor desde el lado opositor, no solo por el volumen convocado, sino, también, por la calidad de la presencia. Esto me llevó a revisar esa asistencia.

El bicho humano, por su naturaleza, se diferencia de los demás bichos por su capacidad intelectual y emocional, a la vez que se distingue entre sus semejantes por lo que sabe y por el esfuerzo que pone en aprovechar ese saber para su desarrollo individual, aspectos que le permiten adoptar un rol funcional a su comunidad. Pero, los nuevos tiempos, le impusieron un gran desafío.

El niño confía en los adultos que reconoce como de su familia. ¿Podríamos decir que esto sucede inevitablemente, que no tiene otra alternativa? Tal vez. Pero más bien me animo a pensar que es una confianza que le agrada y estimula. Alguien cuida de él.

El cambio adoptado en 2015 significaba mudar de un modelo cultural a otro, pero, como se trataba de toda una sociedad, los responsables de ese tránsito debían haber estado a la altura del desafío, pero, lamentablemente, su ignorancia política, y su improvisación, condimentada con mucha soberbia, están condenando el proyecto al fracaso.

Después de ver que la gente de Puerto Ruiz votó en contra de Macri, y los de Galarza a favor, que madres bonaerenses le dan la espalda a Vidal y que nadie reconoce innegables pruebas de progreso, reconozco que, de ésto, no sé nada. Pero, a partir de esta confesión, sí pude empezar a reconocer lo ocurrido y a intentar explicarlo.

El fin de la dispersión del peronismo explica la derrota del macrismo, que hizo una elección decorosa a pesar de la crisis y retuvo los votos de 2015. Fin de la discusión: la candidatura de Alberto Fernández fue una jugada brillante. Jaque mate. Ninguna encuesta pronosticaba un triunfo tan amplio del frente Todos en las PASO, pero el resultado no es sorprendente.

Si bien todos los cañones apuntan a la polarización, demonizando al opositor, creo que el electorado merece saber porqué le conviene votar por el cambio que propone Macri y no en contra de Cristina, a la vez que pienso que deben saberse los argumentos políticos que distinguen, o diferencian, la propuesta oficialista de cualquier otra del presente y del pasado, y justifican el alto sacrificio de la sociedad.

A partir de las imágenes de paisanos a caballo repeliendo la invasión de su territorio por parte de seudo pacifistas veganos, me permití reflexionar sobre el hecho, sus circunstancias, sus implicancias, y sus connotaciones culturales. Conclusión: la soberanía se sigue defendiendo a caballo.

Una de las enseñanzas que recibimos desde pequeños tiene por meta reconocer a las personas que nos hacen el bien, y tener un corazón que reconozca esos gestos. Gracias a Dios son muchos los que procuran seguir su vocación de servicio y entrega por los demás en la familia, la escuela, la salud, el barrio…

Consumada la marcha atrás en el proyecto del frigorífico de pescados, todo ha vuelto a la normalidad. Hoy, los ambientalistas, los ecologistas y los naturalistas, los políticos y los politiqueros, y los del Ejecutivo, volvieron a la normalidad de su indiferencia, al igual que el río volvió a su realidad de descontrolado saqueo.

Para responder esto me faltan datos, pero, sin lugar a dudas, la nuestra es exageradamente cara y, para nada, me sorprendería que lo fuera. ¿Porqué? Simple, porque gastamos una fortuna en legislación, justicia y seguridad, pilares de la República, para que imperen la inseguridad, la injusticia y el desprecio por las leyes.

Para ingresar a un teléfono móvil, una computadora se nos suele solicitar una clave. Lo mismo para operar con la tarjeta de débito o crédito. Son números, letras, o ambos combinados de modo tal que si no los colocamos adecuadamente el sistema no nos permite el acceso.

La Argentina eligió hace mucho ordenarse por leyes, y, para ello, creó un Congreso. Cuando éste dictó un montón de leyes, apareció el problema: había que respetarlas y, caso contrario, había que hacerlas cumplir. Esto sintetiza uno de los principales problemas que sufre el país desde hace mucho y hoy sufren nuestra ciudad y nuestro río.

Uno de los graves problemas sociales modernos es la ausencia de moral, ya a partir de la temprana edad. La misma surge, en parte, de familias desintegradas por las separaciones de los padres, y, en parte, de madres solteras, donde la formación de los hijos pierde la debida atención.

En la vida cotidiana es común dialogar a partir de algunas preguntas sencillas: ¿cómo te fue en el examen? ¿Qué te dijo el jefe? ¿Cuándo nos vemos? ¿Cómo anda tu familia?

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