Curiosamente, en el mes del Niño, iniciamos un nuevo proceso que definirá su futuro, y qué mejor que asegurarles un buen porvenir votando en ese sentido, y no por percepciones egoístas en cuanto a lo inmediato.

Es cierto que son tiempos difíciles. Definitivamente lo son. Pero, a diferencia de tantas otras veces, y son muchas las que pasé en mi vida, ésta vez le veo sentido. Como que percibo una intensión política. Como que veo un cierto rumbo político que no vi antes.
"El argentino vota con el bolsillo", me dicen para justificar un pronóstico, pero no lo creo. O, por lo menos, no lo acepto. No puedo concebir un pueblo con tanta solidaridad por el Día del Niño, juntando juguetes, organizando fiestas, solo para sacarle una sonrisa, y que vote pensando solamente en su bolsillo.
No puedo creer que mi vecino, mi amiga, mi colega, sean tan hipócritas de festejar así su Día y no contemplen su futuro a la hora de su voto. ¿Qué compromiso superior pueden tener?
¿Acaso hay algo más importante que forjarle un futuro de dignidad y justicia a nuestros hijos, donde puedan acceder a una educación en serio y a una salud de verdad, que no sean víctimas tempranas de la droga y la inseguridad, sino que puedan formarse en los valores que tanto añoramos y vemos perdidos, sino que puedan acceder a una buena calidad de vida?
Claro. Corregir tanta historia de perversión y degradación social, cultural y política no será gratis, sino que tendrá un costo alto. Ese será el precio que, quienes amemos a nuestros gurises, estamos dispuestos a pagar para devolverles el futuro que se merecen.
Eso sí, les aviso que no se trata solo de poner la papeleta correcta. No. Esto no es tan fácil. Se trata de votar de forma responsable y, después, velar activamente por ese voto participando de las instituciones, o, simplemente, ejerciendo ciudadanía, ese derecho obligatorio que nos califica como ciudadanos.
Así que, en este mes del Niño, pensemos en él en serio, más allá del regalito y de la fiestita, reflexionemos que hacemos por su futuro y votemos en consecuencia.
Norman Robson