El transcurrir un año más en el calendario nos marca un acontecimiento cronológico respecto del tiempo que va pasando. Que ese devenir sea para crecer en el bien, para avanzar en el desarrollo integral de cada quien, para ser en definitiva mejores personas, eso no depende del almanaque sino de las opciones que cada uno va tomando, y de las decisiones familiares y comunitarias que asumimos o dejamos de lado.

En algunos ámbitos puede haber condiciones externas más favorables, pero cambiar para mejor no es automático.
El Niño Jesús nos acerca a gozar de la ternura de Dios, a renovarnos en la alegría de la fe, a confiar en el camino de la sencillez y la humildad. Podemos seguir por ese sendero, o dejarnos llevar por el egoísmo, el consumismo, el aislamiento.
En estos días muchos disponen de más tiempo libre, sea porque no hay que llevar a los chicos a la escuela, o porque se pueden tomar un tiempo de descanso del trabajo. Es una oportunidad para leer un buen libro, salir a pasear en familia, fortalecer los vínculos afectivos, conversar con tranquilidad acerca de los anhelos que están en nuestros corazones, visitar a quienes hace rato no vemos, contemplar un lindo paisaje cerca de casa o en una plaza tomando unos mates. Si podés proponete leer alguno de los Evangelios o las cartas de San Pablo, unos renglones cada día. Vas a ver cómo te ayuda a mirar de otro modo la vida.
Demos gracias a Dios por este 2017 que concluye y abramos el corazón al nuevo año que llega con el deseo de crecer en la fe y el servicio a los hermanos.
Mañana 1º de enero estamos convocados a rezar en la Jornada Mundial de la Paz con el lema “Migrantes y refugiados: hombres y mujeres que buscan la paz”.
En el mundo hay más de 250 millones de migrantes, de los cuales 22 millones y medio son refugiados. Son personas y grupos familiares que buscan un lugar para vivir en paz. El Papa Francisco ha escrito un Mensaje para motivarnos a la oración y la reflexión. Allí nos dice que “muchos de ellos están dispuestos a arriesgar sus vidas a través de un viaje que, en la mayoría de los casos, es largo y peligroso; están dispuestos a soportar el cansancio y el sufrimiento, a afrontar las alambradas y los muros que se alzan para alejarlos de su destino. Con espíritu de misericordia, abrazamos a todos los que huyen de la guerra y del hambre, o que se ven obligados a abandonar su tierra a causa de la discriminación, la persecución, la pobreza y la degradación ambiental”.
Los motivos para dejar la propia tierra son diversos. A veces los conflictos armados, las persecuciones étnicas o religiosas violentas, la pobreza, el hambre, la falta de oportunidades para un futuro mejor. Ninguno emprende la fuga sin motivos serios de sobrevivencia. Mi recuerdo se va necesariamente junto a la Sagrada Familia obligada a huir de Egipto ante la persecución de Herodes.
Llegar a un lugar desconocido por lo general no es experiencia positiva. “Los que fomentan el miedo hacia los migrantes, en ocasiones con fines políticos, en lugar de construir la paz siembran violencia, discriminación racial y xenofobia, que son fuente de gran preocupación para todos aquellos que se toman en serio la protección de cada ser humano.”(Mensaje)
Francisco nos llama a un cambio de mentalidad, y asumir esta realidad con una perspectiva positiva, descubriendo que ellos “no llegan con las manos vacías: traen consigo la riqueza de su valentía, su capacidad, sus energías y sus aspiraciones, y por supuesto los tesoros de su propia cultura, enriqueciendo así la vida de las naciones que los acogen. Esta mirada sabe también descubrir la creatividad, la tenacidad y el espíritu de sacrificio de incontables personas, familias y comunidades que, en todos los rincones del mundo, abren sus puertas y sus corazones a los migrantes y refugiados, incluso cuando los recursos no son abundantes”.
El Papa enmarca su Mensaje en el contexto de la política internacional de cara al año que se inicia. “Una propuesta para dos Pactos internacionales. Deseo de todo corazón que este espíritu anime el proceso que, durante todo el año 2018, llevará a la definición y aprobación por parte de las Naciones Unidas de dos pactos mundiales: uno, para una migración segura, ordenada y regulada, y otro, sobre refugiados. En cuanto acuerdos adoptados a nivel mundial, estos pactos constituirán un marco de referencia para desarrollar propuestas políticas y poner en práctica medidas concretas. Por esta razón, es importante que estén inspirados por la compasión, la visión de futuro y la valentía, con el fin de aprovechar cualquier ocasión que permita avanzar en la construcción de la paz: sólo así el necesario realismo de la política internacional no se verá derrotado por el cinismo y la globalización de la indiferencia”.
Acompañemos entonces este deseo de Paz y sumemos nuestra oración y compromiso.
Por monseñor Jorge Eduardo Lozano, arzobispo de San Juan de Cuyo y miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social