Segun se pudo saber, la legislatura provincial baraja un proyecto de ley del oficialismo por el cual se declarará al turismo en estado de emergencia. Hasta ahí todo bien, pero una lectura del mismo desnuda aspectos lamentables que desnudan la indiferencia de algunos legisladores respecto de una de las actividades económicas más importantes de la provincia de Entre Ríos.

"La actividad turística necesita del apoyo estatal, el gobernador ha sido receptivo con sus demandas y sus progresivas habilitaciones y el proyecto lo hemos trabajado con los Ministros Bahillo y Ballay a quienes les agradecemos su amplia disposición y colaboración para con la Cámara de Diputados", dijo el Diputado Ángel Giano, pero...

Al leer el proyecto del bloque de diputados oficialistas, descubrimos que el mismo fue elaborado copiando y pegando, casi textualmente, uno similar de la provincia de Jujuy. Resulta entristecedor que nuestros representantes no se hayan siquiera molestado en involucrarse con un sector tan importante para la Provincia, como es el turismo, y, en lugar de trabajar en un proyecto que atienda su gravísima problemática actual, recurran al "copie y pegue", y solo cambiarle algunas palabras, para poder decir, con bombos y platillos, que se ocuparon del turismo.

De esto se desprende, de modo evidente, no solo que no les importa la actividad, sino que tampoco la conocen, ni saben que la misma no necesita rimbombantes declaraciones políticas, sino medidas concretas y urgentes que rescaten a miles de familias entrerrianas involucradas y seriamente comprometidas.

A partir de ésto, es lógico comprender las inconsistencias del pretendido proyecto, el cual, ni siquiera, reconoce el carácter económico de la situación que atraviesa el sector. En este caso, no se trata de una emergencia sectorial caprichosa, sino de un emergente apremio económico de un sector que, desde hace meses, está privado de poder ganarse el sustento básico para sus actores.

De igual modo, también es lógico comprender el concepto de "ayuda" planteado en esta ley, ofreciendo asesoramientos, diferimientos, prórrogas y desgravaciones, mientras que los escasos descuentos y exenciones serán sometidos a reparticiones que nada tienen que ver con el sector.

Hasta los periodos elegidos por los legisladores para la aplicación, por cierto maquiavélicos, desnudan su ignorancia y mezquindad, comprendiendo los meses de junio a noviembre, y dejando afuera marzo, abril y mayo, periodos perdidos totalmente por la actividad, incluida la tan valiosa Semana Santa y varios fines de semana XL.

Resulta vergonzosamente evidente que los redactores/copiadores de esta ley ni siquiera hayan reparado en la inflación que sufrió la economía estos meses, y que impactó, también, en la realidad de un sector totalmente parado.

Por último, es válido remarcar la vergüenza ajena que produce éste hecho, donde nuestros legisladores, que tan bien ganan y tan poco les importamos, no hayan sido capaces de hacer a un lado su haraganería para, antes de elaborar un proyecto de ley, informarse sobre cuál es la realidad del sector, y cuál es el alcance de este desastre en término de familias, no solo de micro, mini y pequeñas empresas, sino de trabajadores, quienes no tienen la suerte de trabajar para el Estado y poder blindar sus ingresos de la crisis.

Norman Robson para Gualeguay21